La Biblia y la Psicología Cristiana

Pascual Juárez

I. Como aparece una crisis en la vida de una persona


ATLANTA,GA.- Una crisis puede aparecer en la vida de una persona cuando un determinado suceso amenaza con alterar su equilibrio emocional, en sentido tanto favorable como adverso

La situación de crisis va a depender de los recursos adaptativos (Recursos tomados) del sujeto, pudiendo aparecer, en una situación estresante en el propio desarrollo del individuo, o en otras en las que un acontecimiento vital estresante las precipita. Estas últimas son las llamadas “crisis accidentales” también crisis inesperadas o impredecibles, en las que estarían incluidas las crisis cotidianas como:
-        Separación
-        Perdida
-        Muerte
-        Enfermedades corporales
-        Los desastres y,
-        Las catástrofes

Cuando nos encontramos en crisis, en una etapa vivencialmente importante para continuar el curso de la vida. No importa el tipo de crisis que sea, la vivencia emocionalmente significativa implica un cambio radical en nuestra vida.
Lo bueno e importante es que existen métodos por los cuales podemos ayudar a las víctimas de una crisis al

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lograr la recuperación, genéricamente conocidas como técnicas de intervención en crisis, y tienen el propósito esencial de restablecer la capacidad del individuo para afrontar las situaciones de estrés en las que se encuentra y proveerle asistencia para reordenar y reorganizar su mundo social destruido.

Todos los seres humanos experimentamos numerosas crisis en nuestra vida y sabemos lo que es pasar por ellas. Mientras estemos vivos siempre estaremos resolviendo problemas constantemente. Pero cada una de las crisis proporciona a cada uno la oportunidad de desarrollar nuevas formas para usar nuestros propios recursos a fin de lograr mantener el control. Algunas veces tendremos que intentarlo una y otra vez, porque nuestros primeros esfuerzos no dan resultado. Pero, si persistimos, podemos descubrir nuevas técnicas para vencer. Y de donde vendrá la solución, o como vendrá, la verdad es que cuando tenemos la plena confianza en Dios, y la suficiente madurez como cristianos y conocemos las Santas Escrituras, con más facilidad podremos encontrar solución a una crisis circunstancial, psicológica y física. Juan 16:33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz.  En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
Esta es la respuesta fácil y sencilla para una persona que ha reconocido que Jesucristo es el Señor y Salvador. Este pasaje escritural deja bien en claro que la persona siempre tendrá crisis de diferentes tipos. Sobre todo advertido, para tener Paz y Confianza en el Cristo que venció al mundo y que todo lo puede.
 
Las preguntas contundentes que surgen en este tema son:
¿Podrá la Iglesia ayudarnos? ¿Cuáles son sus métodos de intervención? ¿Quién está capacitado para brindar ayuda?
Efectivamente la Iglesia puede ser de gran ayuda en momentos de crisis. Aunque no podemos pasar por alto que en algunas denominaciones (iglesias) no dan la suficiente ayuda en este tipo de situaciones, sus miembros se sienten abandonados, no tienen gente capacitada en estas problemáticas psicológicas. Y su deficiencia es visible lamentablemente, y muchos de sus miembros incurren a otros sitios de ayuda, otros perdiéndose por falta de satisfacción a sus necesidades personales y psicológicas, La razón es porque estos están peleados con la tecnología y los estudios realizados por profesionales de psicología. Ahora bien sabemos que durante una situación de crisis precisamente acudimos a la iglesia en busca de alguien y ese alguien es el pastor o ministro, otras veces puede ser el consejero. Ellos tienen que estar preparados con principios Bíblicos e instrucciones para saber cómo manejar y proveer intervención en crisis.
 
II. Las Crisis
A todos los seres humanos, en un determinado momento de su vida se les presenta una serie de sucesos que llevan a enfrentar un estado emocional tal que de no ser resuelto adecuadamente los puede arrojar a un desequilibrio total, o a lo que en psiquiatría se le llama: Crisis.
Un desequilibrio emocional es un estado temporal de trastorno y desorganización caracterizada principalmente por la incapacidad del individuo para abordar situaciones particulares utilizando de métodos acostumbrados para la solución de problemáticas, y para obtener un resultado radicalmente positivo o negativo. Una Crisis puede significar al mismo tiempo peligro y/o oportunidad.
De la escuela Psicoanalítica se desprende la idea de que existe un equilibrio que involucra varias fuerzas y que mantiene la homeostasis. Los aportes a la teoría de la Intervención en Crisis señalan que, los patrones de procesos psicológicos no son estáticos, sino que están en constante cambio desde que una persona nace hasta que muere. Estos procesos forman un continuo el cual puede ser comprendido más fácilmente si se hace un examen transversal en diversos puntos de este.
 
Definición de crisis
Es definido como un “un momento crucial” “un punto de cambio en el curso de la vida” este término es tomado con a menudo para indicar la reacción interna de una persona ante una amenaza o riesgo externo. Una crisis implica la pérdida temporal de la facultad de reaccionar o hacer frente a las cosas, con la suposición de que esta alteración de la función psicológica es reversible. Si la persona hace frente de modo efectivo a al problema, supera la crisis y vuelve al nivel previo en que funcionaba.
Cuando una persona pierde el equilibrio como resultado de un suceso, se dice que experimenta una crisis. El término es usado, con frecuencia erróneamente. Se aplica de manera incorrecta a las molestias o inconvenientes cotidianos. Los términos estrés y tensión se utilizan de modo indiscriminado, pero esto es correcto.
La resolución final de una crisis es un reflejo de nueva creación en la persona. Una crisis es una oportunidad para que la persona consiga nuevas fuerzas, nuevas perspectivas, nuevos aprecios, nuevas evaluaciones y una nueva forma de enfocar la vida.
 
La crisis y las pruebas pueden convertirse en instrumentos de crecimiento estimulante. Otras crisis pueden convertirse en una tragedia permanente en vez de ser una experiencia que produzca crecimiento y madurez a pesar del dolor y el sufrimiento. Pero esto depende de nuestra actitud. Muchas personas que atraviesan crisis descubren que, más adelante pueden servir a otros de mejor forma. Una vez hayamos salido de las dificultades, podemos hacernos cargo de lo que sienten los otros y podemos acompañarles en sus pruebas en una forma distinta (Wrigh, H. Norman)
 
III. Proceso de Intervención en una Crisis
La Meta principal de Intervención en Crisis es restablecer el enfrentamiento inmediato. El Objetivo primordial es ayudar a la persona a dar pasos concretos hacia el afrontamiento con la crisis, lo cual incluye el control de los sentimientos o los componentes subjetivos de la situación, y comenzar el proceso de solución de la crisis.
 
Para comenzar con la intervención en crisis, para esto hay tres metas principales y estas son:
 
    1.          Proporcionar Apoyo: Significa permitir que la persona hable para compartir la cordialidad e interés y proporcionar una atmosfera en la que el temor y la ira puedan expresarse. También se busca reforzar la seguridad en la persona, que solo está consciente de su propia debilidad durante la crisis.
    2.          Reducir la Mortalidad: Se dirige a la salvación de vidas y la prevención del daño físico durante las crisis; es necesario entonces, tomar medidas para hacer mínimas las probabilidades destructivas y desactivar la situación crítica. Esto puede implicar el deshacerse de las armas, arreglar el contacto sostenido de un amigo de confianza por lagunas horas, conversar con la persona que pasa por una situación tensionante o, en algunos caos, iniciar el traslado a la hospitalización de urgencias.
    3.          Proporcionar enlace con fuentes de asistencia: Antes que tratar de resolver el problema completo de manera inmediata, el asistente fija con precisión las necesidades fundamentales y entonces realiza una remisión adecuada a algún otro asistente o agencia. Algunas veces esta remisión individual es de tipo breve (terapia para crisis). Otras veces, la misma será para asistencia legal o auxiliar de parte de una agencia del Ministerio Público o Procuraduría. En cualquier caso, la línea de fondo en Intervención en una Crisis  es proporcionar un en lace apropiado, de manera que la persona pueda comenzar a dar pasos concretos hacia la trans-laboración de la crisis
 
Existen ocho pasos básicos que menciona el Dr. Marino, en el compendio Intervención en Crisis, para seguir al ayudar a una persona en crisis. Todos ellos son aplicables a los distintos tipos de crisis, pero es necesario ser perceptivo y flexible en su aplicación. Cada paciente y cada interés específico, es diferente y es necesario, por tanto, adaptarse al individuo y al caso específico.
 
 
1.          La intervención inmediata.
Las crisis son percibidas como peligros. Amenazan a la persona afectada, y hay un límite en el tiempo de la intervención para que esta sea oportuna. Es un periodo delicado, con un alto nivel de malestar y desazón.
El estado vulnerable o agresivo de la persona es su reacción al impacto inicial. Cada persona reacciona al problema de forma distinta. Algunos o ven como una amenaza a sus necesidades, a su seguridad, o al control de propia vida. Otros pueden verlo como una perdida. Y otros lo interpretan como un reto al crecimiento, al dominio, a la supervivencia o a la expresión propia.
La forma en que las personas en crisis suelen conseguir equilibrio por si misma puede ser perjudicial. Pueden quedar tan abrumadas que lleguen a atentar contra su vida si no reciben ayuda inmediata. Es necesario actuar rápidamente, puesto que nuestra intervención puede hacer la crisis menos severa y proteger a la persona de que se haga daño a sí misma.
En una crisis hay tensión, sentidos de urgencia, percepciones erróneas y eficiencia disminuida. Por tanto, muchos de los intentos que hará la persona para hallar alivio rápido serán muy poco meditados. Resultaran más bien contraproducentes y empeoraran el problema o la crisis.
 
2.          La acción.
Es necesario que suceda algo pronto. Las personas en crisis tienen la tendencia a divagar y vacilar, y es necesario ayudarles a avanzar hacia un comportamiento con sentido, con propósito y que les lleve a un objetivo. Durante este periodo hay que ayudar a la persona a comprender la crisis. Por regla general la crisis tiene su origen en algún suceso concreto, pero el paciente no es capaz de atar los cabos y relacionar bien las cosas. Necesita que alguien le relacione los sentimientos de desalación y consternación con el suceso. Hay que animarle a que exprese sus sentimientos.
Aunque el aconsejar en crisis no se centra mucho en el pasado, es importante analizar en qué forma funcionaba la persona antes de la crisis. No se necesita hacer una investigación estructurada, sino simplemente obtener información significativa por medio del proceso de interacción. Hay que buscar indicaciones del estado emocional previo, las pautas de comportamiento, los procesos de pensamiento, las relaciones con otras personas y todos los problemas físicos existentes. En un sucesivamente. Las preguntas de quien, cuando, donde y como van a ser guías. Esto generalmente se consigue haciendo que la persona cuente su historia.
 
3.          En esta es conseguir el objetivo limitado del aconsejar de crisis: evitar la catástrofe y restaurar en la persona su estado de equilibrio.
Este no es momento para intentar cambios en la personalidad. Lo primero es conseguir un objetivo de tipo limitado. Puede que sea necesario retar a la persona para conseguirlo, pero hay que hacerlo. Por ejemplo, si alguien que ha perdido su empleo, es posible que con nuestra ayuda haga una relación de sus capacidades, calificativos, experiencias y posibilidades cara a buscar un nuevo trabajo. El mero hecho de completar esta acción, puede cambiarle la imagen de si miso y proporcionarle un sentimiento de alivio. Es un objetivo limitado de acción inmediata que puede evitar inicialmente una catástrofe.
 
    4.          Considerando que la persona en estado de crisis se siente importante, es necesario estimularle la esperanza y las expectativas positivas.
No hay que ofrecerle promesas falsas, pero si hay que alentarle a resolver los problemas. El que creamos en su capacidad es importante. Este es un momento delicado en que necesitamos echar mano de la esperanza y de la fe, hasta el momento en que reaparezcan las del paciente. Debemos empezar por convencernos y confiar en que la crisis se va a resolver de laguna forma en algún momento; que nuestro trabajo, sumado a la colaboración y voluntad del aconsejado, harán posible el resolver los problemas. Nuestra seguridad y actitud, enfoque e interacción generalmente transmiten esta impresión, más que afirmaciones y generalidades.
El enfoque directo a resolver problemas es mucho más positivo que dar falsas garantías y tranquilidad. A medida que desciende el nivel de ansiedad, el aconsejado vera la situación de una forma más objetiva. Conforme baya ocurriendo esto, aumentara su capacidad para reflexionar en lo sucedido en el pasado y en lo que ahora está sucediendo.
Hay varias formas de ayudar a una persona a recuperar el equilibrio:
 
A.   Información. primero, hay que considerar el nivel de información que te da el aconsejado sobre su propia situación.
B.   Interacción. Además de considerar la información que el aconsejado ofrece sobre sí mismo, hay que analizar hasta donde llega su capacidad objetiva de acción. Examinemos primero sus opciones y consecuencias y luego hay que ayudarle a seleccionar un camino que le permita hacer frente a su situación, presente y futura. Ya que a medida que el aconsejado obtiene mayor fuerza y capacidad, podrá examinar la parte que el mismo ha jugado en su situación y la forma que ha reaccionado a través de sus sentimientos y comportamiento.
 
  5.          El proceso de aconsejar a una persona en crisis es el proporcionarle apoyo.
Parte del desarrollo de la crisis es la falta de un sistema de apoyo social adecuado. La intervención en una crisis implica el dar apoyo. Y, los consejeros, debemos ser conscientes de que, al principio, es posible que nosotros seamos los únicos que se lo damos. El mero hecho de estar disponibles por teléfono es ya una fuente de apoyo. El que el aconsejado sepa que estamos orando en su favor es una fuente de apoyo.
Las personas en esta de crisis necesitan tener la seguridad de que pueden llamarte en cualquier momento y que tú estarás dispuesto a hablar con ellos, aunque sólo sea unos minutos. Si nos ofrecemos para que puedan llamarnos, les obligaremos, de todos modos, a luchar para tomar la decisión de hacerlo. Pero lo harán sobre una base de confianza. Si no les hacemos saber que pueden llamarnos, su lucha se intensificará y puede añadir intensidad a la condición de la crisis. Su propia estimación disminuye aún más con estas vacilaciones.
Puede llegar el momento en que nos veamos en la necesidad de poner límite a las llamadas telefónicas cuando la persona entra ya en condiciones de dirigir su propia vida. De hecho ésta es la mejor forma de dirigir su propia vida.
 
    6.          El enfoque a la resolución del problema, ha sido la columna vertebral del aconsejado en crisis.
Se debe intentar decidir con el aconsejado cuál es el problema principal que le ha llevado a la crisis. A partir de aquí hay que ayudar a trazar un plan y buscar métodos y medios efectivos para resolverlo. Sin lugar a dudas surgirán problemas colaterales y otras cuestiones secundarias, pero es necesario mantenerse centrado en el problema principal hasta que éste resuelto.
Durante la resolución de problemas debemos centrarnos en objetivos fijos, considerando los recursos disponibles para concentrarse en la solución, sin olvidar las alternativas. Haz una lista de posibles alternativas. Si el aconsejado ha agotado sus ideas, lo cual ocurre con frecuencia, podemos sugerirle algunas alternativas. No se trata de darle consejos o decirle lo que tiene que hacer, sino ofrecerle otras posibilidades entre las cuales puede escoger.
Hay que ayudarle a sopesar las consecuencias de cada acción. Se debe investigar la escala de valores, haciendo preguntas sobre las posibilidades reacciones y sentimientos de la persona, en cada posibilidad. Hagamos que el aconsejado dé su opinión personal, primero, y luego, basándose en sus reacciones, podemos ofrecerle algunas sugerencias.
Después de evaluar las alternativas, hay que ayudar al aconsejado a seleccionar un curso de acción. Puede que sea preciso animarle e incluso instarle a que lo haga. Pedirle que se comprometa a ejecutar alguna sugerencia, la forma en que lo hará y cuando. Sigamos el proceso paso a paso, en detalles, y procuremos anticiparnos a cualquier barrera en la ruta, sabiendo que la persona, sin darse cuenta, puede hacer las cosas difíciles.
 
    7.          Reforzar la estimulación propia.
Puede parecer extraña la inclusión del concepto de estimulación de uno mismo dentro del contexto del aconsejar en crisis. Pero éste el séptimo paso y uno de los más importantes. Implica:
 
(1) Evaluar y entender la imagen que la persona tiene de sí misma;
(2) Descubrir en qué forma esta imagen se ve afectada por la crisis. Éste es el momento de proteger y mejorar la imagen que el paciente tiene de sí mismo. Durante una crisis hay ansiedad, pero también una estimulación propia deficiente. Hay formas típicas en que las personas responden a la crisis, e incluyen las siguientes: ira hacia las otras personas, e incluso hacia uno mismo; desesperación, que lleva a pedir ayuda, o pasividad total, que implica quedarse inmóvil y esperar que venga esta ayuda.
 
Tengamos en cuenta que la crisis de una persona puede contagiarse a otra que éste tratando de ayudarle, sin conseguirlo. En uno y en otro caso puede haber la lucha con la propia estimulación. No olvidemos que hay tendencia a acusar o echar la culpa a otros a fin de proteger la imagen de uno mismo. La trasferencia de culpa suele ir acompañada de ira. La ira, en ocasiones, da a la persona un sentimiento de control. Y, si es racional, le hace sentir mejor que un estado de abatimiento y desesperanza.
No debemos sorprendernos por los sentimientos negativos e interpretarlos según el valor que tiene. No son más que un camuflaje contra el dolor sobre la situación y aun contra la propia opinión. Nuestra tarea, es la de ser persistentes en ayudar a la persona a elevar los sentimientos que tiene acerca de ella misma. Tratemos a la persona con respecto y cortesía y no demo condescendiente. A veces es útil mostrar interés por algunas de las áreas no perturbadas de su vida. Sí, estamos trabajando con una familia e identificamos a uno de ellos como el causante del problema, evaluemos el efecto y no nos precipitemos en etiquetarle de esta forma. Por desgracia, cuando aceden familias en estado de crisis y señalan con el dedo a uno de ellos, no se dan cuenta de su propia contribución al problema y las formas en que corroboran el comportamiento que no les gusta. Es muy posible que tengamos que desviar ataques directos contra una persona interpretando lo que dicen, ayudándoles a ver sus puntos positivos, avanzando hacia una solución en lugar de mantenerse en el terreno de culparse mutuamente. Podemos centrarnos en el atacante y hablar sobre sus sentimientos y respuestas, o bien podemos cambiar de tema y preguntarle cómo se puede en ese momento intentar cambiar la situación o porque piensa que su punto de vista es el correcto.
Uno de nuestros objetivos es ayudar al aconsejado a ver la forma en que nosotros le percibimos a él, que le tenemos confianza y tomamos lo suyo como propio. Hemos de creer que la persona tiene valor y capacidad por sí misma y que momentáneamente está agobiada por la dificultad. Nuestra evaluación puede ser más positiva que la suya propia, y al final acabara aceptando la nuestra. Un problema adicional que afecta a los cristianos es la creencia de que “deberían” ser capaces de resolver la dificultad, y que si tuvieran fe o una relación más fuerte con el Señor, no estarían tambaleándose. Otra de las cosas es que cuando el aconsejado ve que nosotros creemos en el (de acuerdo con 1 Corintios 13:7, “Cree lo mejor de cada persona”, que significa valorar siempre lo mejor que se pueda de la persona en cada caso), se ve capaz de sí mismo y apreciara nuestra confianza en él. Por ello. Hay que recalcar la importancia del trabajo en equipo, de modo que tratemos los problemas juntos, hagamos planes juntos, oremos juntos y lleguemos a resolver los problemas juntos.
 
8.          Generar confianza en uno mismo.
Junto con el intento de reforzar la imagen que la persona tiene de sí misma, trabajaremos el proceso de instilarle confianza en sí mismo, esté es el octavo paso en el aconsejamiento en crisis. Recordemos que la persona en crisis se halla al final de sus recursos. Y debido a ello su comportamiento puede ser regresivo, es decir, responde en su modo de funcionar en un nivel de urgencia previo al presente. Quiere ser rescatado y sanado por nosotros instantáneamente. No obstante, no respondamos a esta exigencia, pues el hacerlo disminuiría su estimación propia y con el tiempo crearía hostilidad contra nosotros.
Quizá nos sorprendan las reacciones de una persona a la que hemos conocido y tratado durante cierto periodo de tiempo. Le hemos visto equilibrada, fuerte y capaz, y no llegamos a entender por qué se está demostrando. Puede que el ver como una persona fuerte se vuelve débil, nos produzca enojo. Vigilemos, porque esta reacción puede amenazar nuestro propio sentimiento de seguridad, que, por otra parte puede ser solido o frágil. Si él se ha desmoronado-dices-, igual no puede suceder a nosotros bajo condiciones de tensión suficiente. ¡Y así puede sucedernos a todos!
Evitemos que una persona dependa en exceso de nosotros, requiere que le dejemos bien claro que nosotros no tenemos todas las respuestas. Que esperamos esfuerzo de su parte. Procuremos que empiece a hacer cosas, y a hacerlas con éxito. Esto significa que ha de emprender pequeños pasos, ya que si no puede quedar anonadada. Esto es cierto en especial en los casos de depresión. Todo fallo le envía dos peldaños hacia abajo en la escalera.
Al planear y evaluar la situación estamos desarrollando un esfuerzo en equipo. La confianza en uno mismo surge el momento en que el aconsejado queda implicado y participa en los planes.
 
Además, es posible que al resolver la crisis, la persona se sienta en un mejor estado mental y emocional que el que tenía antes de la crisis. A continuacig?n presentare principios básicos de la intervención en crisis:
 
Ü«  Oportunidad: La terapia breve de urgencia con tiempo limitado, es el tratamiento que se elige en situaciones de crisis; el proceso de ayuda para que las personas puedan recuperar el equilibrio después del incidente puede tomar en promedio de 1 a 6 semanas. (Caplan, 1994). Puesto que la experiencia de crisis es un periodo de alto riesgo para la persona como para su familia, se requiere que la ayuda esté disponible de modo inmediato y en una ubicación de fácil acceso. El énfasis en la oportunidad se calcula para reducir el peligro y, al mismo tiempo, para capitalizar la motivación del paciente para hallar un nuevo planteamiento (lo mismo de actitud que conducta) para enfrentarse con las circunstancias de la vida.
 
Ü«  Metas: Ayudar a la persona a recuperar un nivel de funcionamiento equilibrado como el que tenía antes del incidente que precipitó la crisis, o potencialmente creativo que le permita superar el momento crítico.
 
Ü«  Valoración: Es importante que la valoración abarque tanto la fortaleza como la debilidad de cada una de los sistemas implicados en la crisis. La información acerca de qué está vulnerable en la vida de una persona se complementa con la información acerca de qué es aún funcional. Las fuerzas y recursos sociales pueden y deben utilizarse para ayudar a una persona a arreglárselas con la crisis. (En este acápite se hace imprescindible tener en cuenta el Perfil CASIC: Conductual, Afectivo, Somático, Interpersonal y Cognitivo)
 
Además, de estos principios básicos en la intervención en crisis, que ayuda a recuperar un nivel emocional equilibrado. Hay cinco componentes de los primeros auxilios psicológicos:
 
A. Realización del contacto psicológico: Se define este primer contacto como empatía o “sintonización” con los sentimientos de una persona durante una crisis. La tarea primaria es escuchar cómo la persona en crisis visualiza la situación y se comunica cualquiera que sea el entendimiento que surja. Así mismo, se debe invitar a la persona a hablar, escuchar lo mismo de lo que pasó y la reacción de la persona ante el acontecimiento, establecer lineamientos reflexivos, y así cuando los sentimientos están presentes de manera obvia. Existen varios objetivos para la realización del primer contacto psicológico. El primero es que la persona sienta que la escuchan, aceptan, entienden y apoyan, lo que a su vez conduce a una disminución en la intensidad de la ansiedad. El contacto psicológico sirve para reducir el dolor de estar solo durante una crisis, pero en realidad se dirige a algo más que esto.
 
B. Analizar las dimensiones del problema: La indagación se enfoca a tres áreas: pasado inmediato, presente y futuro inmediato. El pasado inmediato remite a los acontecimientos que condujeron al estado de crisis. La indagación acerca de la situación presente implica las preguntas de "quién, qué, dónde, cuándo, cómo"; se requiere saber quién está implicado, qué pasó, cuándo, etc. El futuro inmediato se enfoca hacia cuáles son las eventuales dificultades para la persona y su familia.
 
C. Sondear las posibles soluciones: Se refiere a la identificación de un rango de soluciones alternativas tanto para las necesidades inmediatas como para las que pueden dejarse para después, identificadas de manera previa. Esto es llevar a la persona en crisis a generar alternativas, seguido de otras posibilidades. Una segunda cuestión es la importancia de analizar los obstáculos para la ejecución de un plan en particular.
 
D. Asistir en la ejecución de pasos concretos: Involucra ayudar a la persona a ejecutar alguna acción concreta, el objetivo es en realidad muy limitado: no es más que dar el mejor paso próximo, dada la situación. El interventor tomará una actitud facilitadora en la ayuda al paciente para tratar con la crisis.
 
E. Seguimiento para verificar el progreso: Implica el extraer información y establecer un procedimiento que permite el seguimiento para verificar el progreso. El seguimiento puede suceder mediante un encuentro cara a cara o por teléfono. El objetivo es ante todo completar el circuito de retroalimentación al determinar si se lograron o no las metas propuestas.
 
¿Qué hacer? Y ¿Qué no hacer? En intervención en crisis.
 
COMPONENTES
QUÉ HACER
QUE NO HACER
1. contacto
Escuchar de manera cuidosa refleja sentimientos y hechos.
 
Comunicar aceptación.
Contar tu “propia historia”
 
Ignorar sentimientos o hechos.
 
Juzgar, regañar o tomar partido
 
2. Dimensión del problema
Plantear preguntas abiertas
 
Llevar a la persona a una mayor claridad
 
Evaluar la mortalidad
Depende de preguntas de si/no
 
Permitir abstracciones continuas.
 
Soslayar las señales de “peligro”
 
Dar la razón del “problema”
 
3. posibles soluciones
Alentar la lluvia de ideas
Trabajar de manera directa por bloques
 
Establecer prioridades
 
Permitir la visión de pasar por un túnel
 
Dejar obstáculos sin examinar
 
Permitir una mezcolanza de necesidades
4. Acción concreta
Dar un paso cada vez
 
Establecer metas especificas de corto plazo
 
Confrontar cuando se necesario
 
Ser directivo, solo si debes serlo
Intentar resolverlo todo ahora
 
Tomar decisiones que comprometan por largo tiempo
 
Ser tímido o prometer cosas
 
Retraerse de tomar decisiones cuando parezca necesario
5. Seguimiento
Hacer un convenio para recontar
 
Acordar un segundo encuentro
 
Avaluar los pasos de acción
Dejar detalles en el aire o asumir que el paciente continuara la acción de plan por si mismo
 
Dejar la evaluación a alguien mas
 

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